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Que jamon serrano puede comer una embarazada?

¿Qué jamón serrano puede comer una embarazada?

Jamón ibérico en el embarazo… El jamón serrano, junto con el resto de embutidos, ha estado vetado a mujeres embarazadas para evitar el contagio de la toxoplasmosis y los riesgos que conlleva para el bebé. Sin embargo, recientes estudios lo confirman, en el embarazo… ¡se puede comer jamón ibérico!

¿Que no comer si estoy embarazada?

18 alimentos que no debes comer si estás embarazada

  • Pez espada, atún rojo, tiburón o lucio y conservas de atún.
  • Carne oscura de los crustáceos.
  • Hígado.
  • Algas.
  • Cafeína, chocolate.
  • Bebidas energéticas.
  • Infusiones y plantas concentradas.
  • Alcohol y tabaco.

¿Es seguro el consumo de jamón en embarazadas?

Un estudio, realizado por el Centro Tecnológico Agroalimentario (CICAP), ha concluido que el consumo de jamón es seguro entre las mujeres embarazadas siempre y cuando tenga más de 18 meses de curación. En el caso del ibérico tendrá que estar 24 meses.

¿Cómo congelar el jamón si estás embarazada?

Otra opción sencilla para comer jamón si estás embarazada es congelarlo bien durante al menos un par de días, ya que la bacteria que causa la toxoplasmosis no puede vivir por debajo de los -20º bajo cero. Hay que tener en cuenta, sin embargo, que no todos los congeladores llegan a congelar a estas temperaturas.

¿Cómo se asegura la eliminación del parásito en el jamón serrano?

Investigadores de las universidades de Granada y Valencia concluían que el método tradicional de salado para la producción de jamón serrano asegura la total eliminación del parásito, «siempre que se respete el período de maduración que marca la normativa vigente». Claro que si no se fía, quizás se quede más tranquila utilizando el congelador.

¿Cómo darse el gusto al jamón serrano?

La única manera de darse el gusto, según recomendaciones médicas, consiste en congelar previamente el jamón serrano y, una vez descongelado, hay vía libre para hartarse a este rico manjar (siempre que no transcurran más de 24 horas desde la descongelación). Aunque, obviamente, pierde sabor y parte del encanto de una veta recién cortada.